Cuando digo no… me siento culpable

Cuando digo no… me siento culpable

En muchas ocasiones, nuestros clientes nos cuentan durante las sesiones de terapia que, ante determinadas situaciones, se sienten incapaces de controlar sus propios actos y decisiones, y que les gustaría ser más firmes a la hora de mostrar su punto de vista ante los demás sin sentirse mal por no ceder ante la demanda de la otra persona.

La semana pasada, mi jefa, me dijo que a partir de septiembre debería ser yo la que trabajase los fines de semana en el turno partido, y que mis otras dos compañeras cubrirían la mañana y la tarde una semana cada una. En vez de mostrarle mi desacuerdo, puse cara de póquer pero no le repliqué. Al llegar a casa después del trabajo, empecé a sentirme un tanto enfadada y a pensar que lo justo sería que las tres nos turnásemos y cada semana lo hiciésemos una. Al día siguiente, fui incapaz de planteárselo a mis compañeras, no las voy a fastidiar a ellas, y mucho menos a mi jefa,  no vaya a ser que encima me ponga de patitas en la calle. Y aquí estoy ahora, pringando todo el fin de semana de turno  partido.

Comentando el tema e indagando un poco más en su historia personal, vimos que no solo le cuesta decir no en situaciones de su vida profesional, además le ocurría en situaciones sociales y familiares.

Todos nos hemos encontrado más de una vez en situaciones que nos confunden. Un amigo, por ejemplo, nos pide que le paguemos la copa porque no lleva suelto, y aun sabiendo que es de los que luego no nos va a devolver el dinero ni a invitarnos a otro cubata para pagarnos lo que le hemos prestado, cedemos. Le pagamos la copa porque no queremos que se enfade con nosotros, porque pensamos…si digo no, seguro que piensa que no lo apreciamos y dejará de ser nuestro amigo.

Pero,  ¿Cuales son las razones por las que nos cuesta tanto negarnos a hacer algo? Algunas son de tipo altruista, otras de tipo empático, pero la mayoría de ellas son equivocadas:

  • No queremos hacer sentir mal a otros: Pensamos que a la otra persona no le va a sentar bien que nos neguemos, y para no hacer que se sienta mal y sufra, preferimos hacerlo. En el fondo, no queremos tener sentimientos de culpa.
  • Por evitar un conflicto: si es mi jefe el que lo pide, prefiero acceder antes que tener que enfrentarme a él y crear un mal ambiente laboral.
  • Deseabilidad social: queremos agradar, y negarnos a hacer un favor a otro no nos va a ayudar a conseguirlo. Además, ¿ qué va a pensar de nosotros si le decimos que no? Queremos caer bien a los demás, y para ello buscamos su aprobación.
  • Temor a perder oportunidades: Si digo ahora que no, seguro que luego no me vuelven a ofrecer algo que sí me puede interesar.

 

La cuestión no decir siempre que no, la clave del éxito radica en saber discriminar cuando debo hacerlo, y cuando debo negarme porque a largo plazo las consecuencias van a ser negativas para mí.

Nosotras siempre decimos que  debemos trabajar la autoestima, saber querernos, sentirnos capaces de hacerlo, y creer en nosotros mismos como personas serán claves para evitar que nos manipulen y nos hagan sentir mal.

Pero quizás la clave está en saber exactamente qué decir y cómo decirlo, en el momento y de la manera adecuada, en definitiva, saber ser asertivo.

Algunos consejos que os damos para conseguir ser más asertivos son:

  1. Pregúntate a ti mismo si realmente quieres hacer aquello que te han pedido: debes tener claro que lo haces porque quieres y no porque te lo hayan pedido. Si aceptas todo lo que te piden por el simple hecho de que te lo han pedido, no te valoras a ti mismo, y tú eres el pilar más importante de tu vida.
  2. Medita tu respuesta: Ser impulsivo y responder que sí al instante no te va a ayudar a dar una respuesta adecuada, puedes utilizar frases como…”deja que lo piense y a la tarde te contesto”, “lo consulto en casa y te digo”,  Este tipo de respuestas te van a dar un margen de tiempo para reflexionar antes de dar una respuesta y evitar que te equivoques.
  3. Valora tu tiempo: si responder a la demanda del otro te va a quitar tiempo para disfrutar de cosas que te agradan, antepón tus deseos a los de los demás.
  4. No inventes excusas, solo conseguirás que te lo sigan pidiendo una y otra vez. Tienes derecho a decir “no”.
  5. Puedes tratar de negociar las condiciones para obtener beneficios a cambio: Accedo a trabajar una hora más en la oficina pero el lunes entraré una hora más tarde, por ejemplo.
  6. Si aun negándote esa persona deja de hablarte, es que realmente no era un buen compañero o amigo.

Saber qué es lo mejor para ti y aprender a decir no de forma adecuada va a beneficiarte física y psicológicamente, pues vas a reducir el estrés, aumentar tu autoestima, estar más seguro de ti mismo y obtendrás reconocimiento social y respeto por parte de los que te rodean.

Carmen Adam González

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